jueves, 17 de septiembre de 2015

No apaguen la luz (por favor)



Las relaciones interpersonales nos demuestran continuamente que la felicidad es un camino lleno de bifurcaciones, de luces, pero también de sombras.
De un tiempo a esta parte he intentado llevar a cabo un experimento para poner a prueba el método científico; de ninguna manera se trata de imaginar cuál sería el resultado de una mutación en un microorganismo, para luego ver si los efectos de tal mutación presentan correlación con lo que propuse en mi imaginario. Se trata en cambio de plantear situaciones, de proponer escenarios en la vida real y luego jugar al juego de las “representaciones”. ¿Cómo me vería en tal o cual marco situacional? ¿De qué manera afrontar un diálogo que encerrara todo lo que soy y lo que tengo, mis aspiraciones, mis sueños, aquellos espacios que sirven para el monólogo y para la revelación, con alguien que apenas me conoce?
Idea madre: despojarse de todos los artilugios, los escudos y las barreras y dejar que el juego comience. Una propuesta lúdica á la Cortázar; aceptar una Rayuela de posibilidades donde el juego no tiene ganadores, ni perdedores. El único cielo se halla en la posibilidad tangible de ser feliz durante unos instantes (1 hora, 2 horas, una tarde completa, 15 minutos… ¿a quién le interesa?). No hay reglas, no hay penalidades; sólo hay lugar para abstracciones y concreciones, hay lugar por supuesto para el vino, las risas, el desenfado y la desazón, la esperanza y la ilusión. Todo en ese escenario en el que los actores representan un papel, pero no hay un guion que establezca paralelas y perpendiculares.
El resultado de esta experiencia fue más satisfactorio que lo que esperaba en las estimaciones hechas a priori, confirmando que para estas cosas la mejor solución reside en dejarlo fluir. La barca se mueve, ya no hay nada que temer. Se ve, allá a lo lejos, un horizonte prometedor y brillante y claro; esperemos que no nos apaguen la luz.

Gracias

No hay comentarios:

Publicar un comentario