miércoles, 9 de septiembre de 2015
Fragmento de "El maleficio" de Hermann Broch
Es difícil que una persona que vive a orillas del mar no lo incluya en todos sus pensamientos, y no le ocurre algo diferente a quien se ha instalado sobre la falda de las grandes montañas: todo lo que se penetra en sus sentidos, cada sonido, cada color, cada canto de pájaro y cada rayo de sol, todo es eco de la gran masa silenciosa de la montaña que reposa, cuyos pliegues se ven encendidos por luces, pintados con colores, bañados de sonidos. Y allí también el hombre, que en su alma no es más que canto de pájaro, color, rayo de sol y noche, ¿no debe convertirse a sí mismo en eco incesante de aquel poderoso silencio, volverse su instrumento, hacerle contrapunto?
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