lunes, 7 de septiembre de 2015

Interrupciones – Del imaginario que surge en una charla en un banco público (y las elucubraciones y zozobras que ello deja a posteriori) – Parte I

El espacio donde se desarrolla la acción (si hubiese tal) se conoce como espacio verde. Más específicamente se trata de un banco del parque cívico. El banco se encuentra dándole la espalda a la calle Pedro Molina, mirando hacia el sur. La temperatura ambiental es bastante hostil. Dos jóvenes de entre 25 y 30 años (bastante adultos ya) están hablando animadamente, beben un vino barato que ha conseguido uno de ellos. La temperatura es la óptima para derretir la cera de depilar que tanto gusta y divierte a las mujeres, pero eso no los amedrenta y de tanto en tanto se llevan un trago al buche. La conversación ya ha comenzado (y uno de ellos es el que retratará la acción, eso quiere decir que luego de esta presentación ya no puedo decir nada más, le tengo que pasar contra mi voluntad la posta a uno de estos personajes que yo mismo he presentado, ¡¡¡ya van a ver cómo me extrañan ustedes bastardos!!!), por lo que el lector empezará a entrar en acción en un diálogo que viene siendo masticado, esto viene más o menos así:
- Si le prestás atención, toda la obra conserva un margen lógico. Pensar que Fundación lo escribió a los 20 años.
- No puedo entender como hizo para publicar más de 500 obras, ¿acaso nunca iba al baño?
- No, no es eso, hasta él mismo dice que debemos estar muy atentos a lo que nos rodea. Siempre podemos ser partícipes de un momento importante, aguardando a ser retratado.
Me pasa la botella de vino a medio beber
- El otro día leí un cuento increíble de él, se llama tetra-tridimensional.
- ¿Cómo, no era treta?
- No, estoy casi seguro que se llama tetra-tridimensional, hasta tiene lógica porque el loco termina engañando al diablo en esa otra dimensión que es el tiempo.
- Me parece que te equivocás.
- Esperá, acá tengo el libro… a ver… (La acción tarda unos segundos, abre el libro y claramente se puede leer “Treta-tridimensional”, su cara de boludo le termina dando la razón. Por si no se han dado cuenta he vuelto, he logrado que ciertos matices tengan que ser explicados por otra voz que no sea la de estos prosaicos personajes. Díganme la verdad, ¿no sería maravilloso si yo retratase todo tal cual fue?, con los tintes más jugosos y coloridos, con saltos narrativos de alto poder verbal, con juegos de aliteraciones, uso de vocablos llenos de poder y significado, con brío y con… bueno se me fue un poco de las manos). Tenés razón, es treta no tetra. Qué boludo, había leído cualquier cosa.
- Es que tiene más sentido treta que tetra; al fin y al cabo él le termina haciendo una jugarreta al diablo.
- Sí boludo. (Haciéndose el desentendido; intentaré ser un poco más breve), ¿qué estás leyendo vos ahora che?
- Hace poco tuve que devolver unos libros que le había pedido a la librería ecuménica. Ya hacía un año que los tenía, hay uno que nunca terminé de leer. El cero y el infinito, de un chabón que se llama Arthur Koestler. Es un libro increíble, el tipo va retratando como aun siendo fiel al partido comunista, tiene que pasar por las torturas de las purgas Stalinistas. Una ironía la vida.
- ¿Y por qué no lo terminaste de leer? si es tan bueno, digo (ya ven como son de prosaicas las preguntas, dudo seriamente de la capacidad intelectual de quién esté escribiendo estas letras).
- Son esas cosas que suceden, quizás tuve demasiado tiempo detenido al libro, quizás está bien hasta donde alcancé a leer.
Durante ese breve comentario y pasando de mano en mano el vino, aparecen dos chicas de aspecto desarreglado, el aspecto de quiénes las situaciones de la vida cotidiana no resultan especialmente sencillas. Una de ellas les ofrece unos stickers a cambio de 10 pesos (moneda local). Ante la negativa de ambos, esta joven solo resuelve en volver a insistir, como diciendo ¿Si alguien ha dicho algo, yo no he oído nada? Mientras tanto su amiga se acerca y les pide vino. Luego de beberlo resuelven partir, pero la otra que no ha bebido vino le dice a uno de ellos una frase bastante cliché, algo así como: qué linda tu mochila, ¿qué es, nike? A lo cual este mozalbete responde bruscamente acercando la mochila a su pecho. Fue una reacción violenta, lo sé, pero en el momento resolvió hacerlo de esa manera, no andaba con ganas de meterse en problemas. Aunque pensándolo bien, no sé qué se traía entre manos este chaval, tampoco se mucho de las reacciones de los hombres, solo soy un bardo que intenta retratar algunas cosas que me parecen relevantes al asunto, en fin. La joven respondió otra cosa que no recuerdo bien, de seguro fue algo violento, una contraofensiva del gesto y ambas decidieron partir. Este breve episodio desbarajustó toda la charla, la cual fue remontada con algo así como:
- He estado leyendo bastante a Dick, sobre todo los cuentos. Hay uno muy loco sobre Mao Tse-tung. Es una sociedad comunista china, donde el emperador, o dictador, le habla a cada uno de los ciudadanos. Es como si de repente vos prendés la tele y el dictador te habla a vos. Es un cuento que la re flashean con las drogas (algo de por cierto típico de Philip Dick, ignotos lectores). Parece que contaminan el agua y vos nunca sabés muy bien como es la cara del líder, es más, nadie sabe muy bien quién es el líder. Además hay una sociedad secreta que le da a este tipo unas “contradrogas” para que al fin pueda ver el rostro del líder y saber cómo destruirlo. Al final de la historia el protagonista está en un berenjenal de dios padre, en donde ve una cosa deforme que le dice que lo va a destruir, no recuerdo con fidelidad el final, pero es bastante triste.
- Jua, jua, jua. Que loco ese chabón; sí, tiene varios mambos místicos con la droga. Parece que un día tuvo una revelación, una luz reflejada en un collar o algo así le dio en la frente. De repente se volvió loco y llevó al hijo al hospital, en el hospital se dieron cuenta de que el hijo tenía una enfermedad (o un problema físico) y que, de no haber sido atendido en ese momento, podría haber traído complicaciones, inclusive la muerte del niño.
- ¡Qué zarpado! (otra expresión de lo más vulgar de este personaje, de seguro se debe llamar Rubén o Raúl y le debe dar a los hongos o algo así, sino no se explica). Dick tiene esos reveses, como un mix entre ciencia y cosas de la calle, muy diferente a Asimov.
- Es que Asimov era un académico, un doctor en bioquímica, un divulgador. Dick era más un filósofo. Hablando de filósofos, he estado leyendo mucho sobre Engels. Varias cosas sobre la dialéctica de la Naturaleza y el Universo. Se va al carajo el tipo este.
- Y ¿qué tal?
- Y, para mí que este tipo, superó a Hegel. La dialéctica que plantea Hegel es dificilísima de interpretar. Varias veces me puse a leer y estaba dos horas con una página. Un garrón.
- Sí, yo durante seis meses me dediqué a leer la Fenomenología del espíritu… no me quedó una goma. Ah sí, “el espíritu como un hueso”. Si me preguntás algo sobre eso, solo te puedo decir que tiene que ver con la frenología… y que tu cráneo tiene la conformación de un taxista.
- Sí, yo leí la introducción a la filosofía de él; realmente es infumable.

Desearía hacer una pausa aquí. Si yo me encuentro terriblemente fatigado, e inclusive aburrido no quiero imaginar al lector. Aun no sé cómo es que fui a parar yo a este tipo de charlas tan triviales (algún mejicano podría decir “algo tan trillado”). Mejor dejarse un tiempo antes de dormir para fumar un cigarrillo, tomar alguna bebida destilada y refrescante para mañana, espero que con mejor fortuna, poder continuar con este cuento, que les aseguro no se a donde carancho puede llegar.

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