lunes, 7 de septiembre de 2015

Metafísica cotidiana: "La cíclica vida de un chofer de autobuses"

Una vez leí un texto, en una clase de lengua y literatura de la secundaria, sobre la capacidad transformadora del hombre como motor de la cultura. El extracto era de un polaco que se llama Zygmunt Bauman (que estimo seguirá viviendo), y en el cual se hacía énfasis en la razón tautológica siguiente: El hombre transforma las cosas, crea "la cosa", para poder seguir viviendo y es precisamente esa cosa la que le da sentido al hombre, al hombre histórico, al hombre materialista; es la razón de su existencia. Ambos de esta manera se encierran en una dialéctica de necesidades sine qua non el otro cobra sentido. (Se abre la puerta)
-Centro por favor - beep
-Ok
- Godoy Cruz - beep
-Buen día.... en fin. Lo que quisiera encontrar es una respuesta a mi condición. Todos los días veo a esta gente pasar en mis turnos de 8 a 16 o de 17 a 1. Niños, ancianos, estudiantes, abogados, yunkies, policías, albañiles, estudiantes de arquitectura, hipsters, literatos, cosechadores, traficantes, etcétera. Encuentro en ellos un motivo casi utilitarista pero lleno de sentido a sus derroteros. Todos ellos se dirigen hacia "algún lugar". Todos le deben al tiempo (a ese Shylock despiadado), madre de todos los sistemas político-financieros, un pedazo de su hígado. El precio es alto, pero la descarga de la opresión puede ser sublimada mediante un cambio breve y leve de sus rutinas. Todos manosean la posibilidad. Todos... menos yo.
-Sonido de timbre, sube más gente.
- A Carrodilla - beep
- Godoy Cruz - bump
- Señora no tiene carga
- Pero si tenía
- Que no tiene señora, tiene que cargar manualmente
- (grita) Alguien que me preste su abono y se lo pago
- (viejo condescendiente) Aquí señora - beep
- Gracias, aquí tiene buen hombre
- Faltaba más, no es nada
…y así toda la manganeta.
Me encuentro atado a una serie acaso "infinita". Un nudo gordiano del cual no encuentro salir. No es el hecho de manejar un micro el que me atormenta y alimenta mis tribulaciones. No es el hecho de ver la miseria, verle la cara y el cuerpo desnudo a la miseria. En cada calle que recorro de Las Heras. A cada joven inmerso en las drogas (una de las tantas "vidas desperdiciadas" de Bauman), a cada anciano en la cúspide del dolor, el desgarramiento visceral que acarrea el pecado de la vida. Eso solo es un condimento más en una serie...
- Próxima parada por favor
- Si señora
... es una de las tantas pequeñas piedras que abrigan mi existir. La roca mayor, la roca de Sísifo es este brote de lucidez donde me veo a mí durante la eternidad, la falsa eternidad que nos creamos, haciendo lo mismo una y otra vez. Mi destino está inscrito en el destino de los otros. ¿Cómo es posible llevar a cuestas el trabajo de ir a un lugar al cual no se puede llegar? ¿Qué ocurre cuando tu destino no es un destino propiamente dicho? Estas meditaciones...
peeeeeng (frena el micro, bajan 5 personas)
... decía que estas meditaciones no dejan de atormentarme. ¿A dónde ir cuando no se tiene dónde?
Quizás deba acatar esta ley. La ley de la infinitud como castigo y como verdad. La única verdad de un chofer de omnibus.

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