jueves, 24 de diciembre de 2015

Nunca la derrota es sólo derrota

A Enrique Vila-Matas

En uno de los capítulos de Los diarios de Emilio Renzi, Piglia hace una reflexión acerca de los desplazamientos. El recuerda con nostalgia aquellas imágenes que provienen de su propia “ficción del origen”, de ese artefacto que aglomera la experiencia, de ese lugar que es Adrogué. Imagina una vida en la cual nunca hubiera tenido que partir de su lugar, para poder dedicarse a hacer lo mismo de siempre. Entiende que el desplazamiento es una pérdida, pero a la vez es una oportunidad. La nostagia, como ocurre en el tango, es materia de ficciones y de construcciones en el que vislumbramos ilusoriamente “el futuro del pasado” (de un pasado/futuro distópico). Ese qué hubiera sido si… es siempre un paralelo en el que el hombre que pierde algo encuentra un resquicio para desplegar su imaginario. -Cada vez que publicaba un libro me veía en un callejón sin salida, pensaba que no podría escribir más, pero siempre encontraba, gracias a la inteligencia, un hueco que me permitiera seguir escribiendo- dice Vila-Matas en la FIL de Guadalajara, feria en la que fue homenajeado. Pérdida y encierro, escape e imaginario, son conceptos que de forma especular, nutren de materia filosófica a la literatura y a la vida misma.
Si tuviese que definir este año que ya nos está dedicando sus adioses la palabra que prima es la de “desplazamiento”. Esta palabra se hizo presente tomando varias formas, mutando de situación pero no de sentido, al menos en lo que respecta a mi experiencia personal. Experimenté la pérdida de familiares que se fueron de este mundo casi sin avisar, de manera silenciosa y triste. Vi partir a un gran amigo a tierras remotas, tratando de encontrar aquello que perdió en un lugar conocido. Repetí mentalmente el ritual del adiós de aquella figura que le dio sentido a mi vida durante largos años. Recorrí sólo y acompañado una fracción del continente. Perdí mi consciencia a la manera de Joseph Roth, surcando los abismos de la noche, dedicándole horas a la elipsis del pensamiento y a la reconstrucción de los recuerdos en la brumosa espesura de experiencia. Fue entonces que me detuve a pensar en cuál sería la historia que iba contarme a mí mismo. La mía sin dudas era una historia de derrotas. Creí haber llegado al límite de mis capacidades; sentí que “ya había sentido todo lo que podría sentir, que no podría sentir nada nuevo, que sólo podría repetir mis experiencias, pero en versiones menores de mí mismo”. Aunque esto fuera así aparecía algo en lo cual podía aferrarme, algo que me permitiese creer que no estaba completamente derrotado.
Este año para mí terminó siendo similar a un Viaje vertical. Pero inclusive en los abismos pueden encontrarse espacios. Allí, cuando sentía que no estaba en mi lugar, imaginaba lo que se sentía estando en él. Imaginaba un espacio (Mendoza) que a la vez era y no mi hogar. Recordaba las amistades, los lugares comunes, las ficciones que se meten en la vida real transformándola. Reconstruía, tratando de ser lo más fielmente posible, aquellas caminatas por la urbe, los encuentros que responden a intereses humanos entre otros; trataba de reconstruir el “sentido de sentir”. Cuando me encontraba solo urdía planes y experimentos sociales para sondear los límites de la experiencia. Intenté transformar la tristeza en un cúmulo de palabras, les di una forma y las despedí en forma de libro. Esos relatos, que estimo son de poca importancia, reflejaron las aristas que conformaron mi mundo privado, un mundo que quise dejar atrás. “Escribir es despedir” para mí.
Entiendo que este último tiempo, y el año en general, estuvo marcado por los desplazamientos, de todos intenté extraer una (no completamente acabada) enseñanza. Quizás algún día pueda volver a ese estado inicial, a esa ciudad ausente en donde podía encontrar el sentido de las cosas. Para poder concluir al fin que nunca una derrota es sólo derrota.

Gracias

martes, 13 de octubre de 2015

El paso en el pasado

A veces se dan situaciones que nos hacen salir del circuito de vida al cual estamos habituados para poder entrar en una dimensión más imaginaria, pero no menos intensa y sensible que la experiencia del presente concreto.
Había vuelto a pasar por el centro para averiguar el precio de unos envases que debo utilizar en unos análisis. Luego de eso no había más que hacer, salvo retornar al hogar. Caminé distraídamente por 9 de Julio y pasé por la casa de un amigo que para mi fortuna no se encontraba allí. Me desplacé por la misma calle hasta Peatonal y divisé que se acercaba un trolebús con un rótulo que rezaba “Parque”. Sabía muy bien que ese bus no me llevaría a mi hogar, pero el impulso hizo que me subiera en él. Una vez dentro me dispuse, en posición de lectura atenta, a darle un desenlace a Los diarios de Emilio Renzi.
El trole en su trayecto rectangular se movió desde el punto de partida hasta Colón; atravesó lentamente Belgrano continuando por Arístides. Al final de la calle volvió a girar rumbo a Boulogne Sur Mer para poder lindar con el verde e iluminado Parque General San Martín. Por momentos dejaba el libro en suspenso para contemplar el interior y el exterior del trole; las cosas se ven muy distintas (y por qué no distantes) cuando uno se dirige hacia un lugar indeterminado. Lo que nos rodea se reviste de un aura que convierte el flujo de acciones en un devenir lento y despreocupado.
Estaba por llegar al fin del libro cuando decidí detenerme, quise dejar algo para el momento previo a dormir. En ese punto divisé la proximidad del Parque Central y concluí que era el momento oportuno para terminar con el viaje y comenzar otro: más lento quizás, pero más propicio para retener imágenes.
Atravesé Perú y bordeé el reloj de arena del parque, señoras de muy diversas edades practicaban un ritual aeróbico que desconozco. Señores mayores y jovencitas trotaban a distintos ritmos por sobre el baldosado; mientras, el sol hacía sus últimos esfuerzos por demostrar que aún no había muerto. En el constante fluir de pensamientos que comenzaron a inundar mi mente recordé las tardes felices en las que me había recostado en el pasto. Recordé el beso inesperado de una mujer; las lágrimas desprendidas de uno ojos que conozco muy bien; risas e imágenes borrosas entremezcladas, propias de un encuentro nocturno marcado por el abuso de vino; recordé la lectura de Borges como también intrincados diálogos sobre Leibniz y la imposibilidad de mundos mejores; recordé el antídoto perfecto al “no sos vos, soy yo”; recordé a tantos amigos.
Continué a paso lento por Pellegrini hasta Mitre. Allí decidí doblar en dirección hacia el norte por el boulevard. Me crucé de calle en la intersección con Bogado para poder atravesar la plaza Yrigoyen. Cerca de allí vive una mujer con la cual he intentado jugar al juego de Proust, para recobrar aquello que ya creía perdido. En esa plaza también supe (entendí) hace no mucho tiempo atrás, que iba a perder una parte mía, una parte que siempre me fue ajena. Cierto eco del pasado volvía a mostrar sus imágenes cuando divisé un árbol muy particular. Dije un árbol, pero quise decir un arbusto de dimensiones respetables. Debajo de la copa se podía divisar una sombra conformada por las flores que da el mismo arbusto, y que a causa del viento y el frío generaban ese efecto de “falsa sombra dorada”. Durante unos segundos me quedé contemplando el arbusto, que estaba a su vez ubicado detrás de una virgen. La sencillez de la imagen podría inspirar cualquier acto poético.
Atravesada la plaza me dirigí hacia Patricias Mendocinas. Casas antiguas, majestuosas pero destruidas, se iban alternando mientras continuaba la sucesión de pasos. Divisé hacia la calle La Plata aquél albergue en el que muchas veces confundí amor con deseo y en el que otras veces ocurrió lo contrario. Allí desperdicié necesariamente muchas vidas para poder conservar una sola.
Al llegar a Hudson me imaginé a mí mismo como Jano, que a través de sus dos rostros puede ver en simultáneo el pasado y el porvenir. Vi el lugar donde habita una hermosa mujer y a su vez vi cómo en otro tiempo yo volvía a nacer entre árboles, humo y metales estrujados.

Seguí mi paso entrando al departamento de Las Heras (en donde vivo) pero éste fue más desordenado y menos intenso sensorialmente. Pasé por la escuela primaria, por su calle, vi a las mismas personas que solían ser mis compañeros, pero los vi en otra dimensión, como desprovistos de identificación o símbolo; quizás a causa de las categorías de percepción que poseo. Atravesé las calles correspondientes hasta llegar a mi hogar. Acusé cierto cansancio, provocado más por la impresión de estas imágenes que por el cansino andar de quien las relata. 
Creo que me afectó un poco el paso en el pasado.

jueves, 17 de septiembre de 2015

No apaguen la luz (por favor)



Las relaciones interpersonales nos demuestran continuamente que la felicidad es un camino lleno de bifurcaciones, de luces, pero también de sombras.
De un tiempo a esta parte he intentado llevar a cabo un experimento para poner a prueba el método científico; de ninguna manera se trata de imaginar cuál sería el resultado de una mutación en un microorganismo, para luego ver si los efectos de tal mutación presentan correlación con lo que propuse en mi imaginario. Se trata en cambio de plantear situaciones, de proponer escenarios en la vida real y luego jugar al juego de las “representaciones”. ¿Cómo me vería en tal o cual marco situacional? ¿De qué manera afrontar un diálogo que encerrara todo lo que soy y lo que tengo, mis aspiraciones, mis sueños, aquellos espacios que sirven para el monólogo y para la revelación, con alguien que apenas me conoce?
Idea madre: despojarse de todos los artilugios, los escudos y las barreras y dejar que el juego comience. Una propuesta lúdica á la Cortázar; aceptar una Rayuela de posibilidades donde el juego no tiene ganadores, ni perdedores. El único cielo se halla en la posibilidad tangible de ser feliz durante unos instantes (1 hora, 2 horas, una tarde completa, 15 minutos… ¿a quién le interesa?). No hay reglas, no hay penalidades; sólo hay lugar para abstracciones y concreciones, hay lugar por supuesto para el vino, las risas, el desenfado y la desazón, la esperanza y la ilusión. Todo en ese escenario en el que los actores representan un papel, pero no hay un guion que establezca paralelas y perpendiculares.
El resultado de esta experiencia fue más satisfactorio que lo que esperaba en las estimaciones hechas a priori, confirmando que para estas cosas la mejor solución reside en dejarlo fluir. La barca se mueve, ya no hay nada que temer. Se ve, allá a lo lejos, un horizonte prometedor y brillante y claro; esperemos que no nos apaguen la luz.

Gracias

martes, 15 de septiembre de 2015

Una pregunta (primer Haiku)







Nada me ha dicho

¿Qué ha sido de su vida?

Es la montaña



                                                              Raúl Andrés Cuello

lunes, 14 de septiembre de 2015

Un breve postulado sobre Knausgård


                                                                                                                A Patricio Pron

Para escribir, Knausgård se inspira en Proust. Proust se inspiraba en la verga de Daudet. Daudet se inspiraba en Daudet padre. Daudet padre se inspiraba en la música y en el antisemitismo de Wagner. Wagner se inspiraba leyendo y releyendo la Völsunga Saga. La Völsunga Saga inspiró a Borges. Borges se inspiraba leyendo a los clásicos y los policiales ingleses. Un irlandés que conocí se inspiró en los cuentos de cuchilleros de Borges para contar una cruenta historia del IRA. Un sobreviviente del IRA, cansado del abuso de los ingleses se fue a vivir a Noruega. Él llevaba consigo unas prendas, una pipa, un cuarto de whiskey, una rodaja de papa deshidratada en el bolsillo y un ejemplar de Mein Kampf de Adolf Hitler. Un día un pequeño joven noruego, luego de escapar de su casa en la cual había sido golpeado hasta los límites de la cordura, tropezó en su camino con lo que creyó era una piedra. No era una piedra, era un ejemplar inglés de Mein Kampf.*

*El postulado anterior es en parte falso, puesto que Knausgård, para escribir se inspira en Mein Kampf y en aquel día en que se escapó de su casa y casi se rompe el último hueso (que le quedaba medianamente sano en su cuerpo) contra un libro de lengua extranjera.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Una noche llena de Oscar Peterson (en conmemoración de George Gershwin)


Magia



Burocracia



Un cuarto sin vida,
Muebles desvencijados de chapa descolorida
Pilas de documentos con apellidos y sin contenido
Números incongruentes, un caos sin brillo

El ritual absurdo, la eterna espera, que violenta impotencia!
Mecanismo infernal creación del hombre, no del diablo
 Pueblos enteros anestesiados, mueren lentamente
 Legajo a legajo…

 La rutina exultante se regocija con la derrota de los sensatos
Y un clima tenue y gris viene anunciando

La victoria de los mediocres, de lo inhumano.

Iván Ciklic

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Fragmento de "El maleficio" de Hermann Broch


Es difícil que una persona que vive a orillas del mar no lo incluya en todos sus pensamientos, y no le ocurre algo diferente a quien se ha instalado sobre la falda de las grandes montañas: todo lo que se penetra en sus sentidos, cada sonido, cada color, cada canto de pájaro y cada rayo de sol, todo es eco de la gran masa silenciosa de la montaña que reposa, cuyos pliegues se ven encendidos por luces, pintados con colores, bañados de sonidos. Y allí también el hombre, que en su alma no es más que canto de pájaro, color, rayo de sol y noche, ¿no debe convertirse a sí mismo en eco incesante de aquel poderoso silencio, volverse su instrumento, hacerle contrapunto?

El universo en un pocillo de café

En una frase muy recordada de Hamlet que dice más o menos así: Oh God!/ I could be bounded in a nutshell/ And count myself a King of infinite space[1]/ y así sigue un poco más, (la traducción literal sería algo como esto: Oh Dios!/ podría estar confinado a una cascara de nuez/Y considerarme como un Rey de un infinito espacio), se reconoce en una primera lectura que tipos como Hamlet, príncipe de Dinamarca, pueden llevar hasta las últimas consecuencias las elucubraciones de una mente que ha enloquecido viendo “demasiadas cosas”. En una segunda se puede reconocer el gran genio de William Shakespeare que llevó al extremo la fuerza estética de los diálogos de su época, para desplazarlos desde lugares tan mundanos como una taberna de borrachines del West End (que desconozco si en ese momento histórico las tabernas funcionaban en el West End de Londres), a lugares exóticos y de consecuencias aún más exóticas como diálogos de una nobleza decadente en las afueras del castillo de Kronborg, de la ciudad portuaria Elsinor (Helsingør). En una tercera lectura y a mi parecer una más importante que las anteriores, se puede descubrir que Shakespeare plantea la paradoja alegre de que <con muy poco, o casi nada, se puede ser infinitamente feliz>.
De esta frase particular se valió Stephen Hawking, el “astrofísico paralítico”, según un análisis muy descriptivo de los Simpsons, para publicar su libro de divulgación científica El Universo en una cáscara de Nuez. Allí él desarrolla la idea de que en el Todo, y esto es justamente el Universo (con sus galaxias y las interacciones de las partículas que conforman el orbe de astros, de polvo de estrellas, de lo conocido y de lo que no lo es), puede perfectamente caber en un punto ínfimo de materia, tal como el origen puntual de donde se supone provino el Big Bang. Utilizando como modelo estos ejemplos pude reflexionar sobre un hecho que provino de una reciente tarde, que fue a mi modesto entender, una tarde encantadora.
Luego de salir de ver un documental sobre fotografía[2], que tuvo sus puntos altos y bajos, se me antojó tomar un café con quien en ese momento era mi acompañante. Juntos salimos del cine discutiendo algunas particularidades que presentó el film y que luego derivaron en risas y en otras acotaciones al margen. Decidimos ir a un café cercano que estaba a un par de cuadras de allí como para concluir y partir luego hacia nuestros respectivos hogares. El primer intento fue fallido pues el café al que nos dirigíamos estaba a punto de cerrar. En el horizonte cercano pude divisar otro café un poco más tradicional, que a la sazón se veía mucho más propicio que el primero, ya que este último despedía un aura de auténtico “cafetín”, muy diferente al otro que pregonaba la estética de lo modernoso y de hasta, por qué no, lo frívolo.
Una vez sentados ordenamos un café con leche y una factura cada uno. Luego de la espera que no fue muy prolongada comenzó todo. En un diálogo sin pretensiones, sin intenciones de fondo y sobretodo con mucha soltura, pudimos dialogar sobre variados temas: la actualidad sentimental de cada uno, las aspiraciones profesionales, la conformación de nuestras familias, los vestigios del pasado que aún sigue dando de qué hablar, las fuentes de alegría del presente, los libros leídos y que aún recordamos, los autores que no conocemos pero que de alguna manera sentimos cercanos, el futuro, las amistades, etcétera. Lo mejor de todo ello debe haberlo aprovechado quizá un tercer espectador que anduviese por allí, no entendiendo nada en absoluto de lo que decíamos, pero registrando las amplias sonrisas que se dispararon, sonrisas que fueron producto de ese diálogo.
Cuando la variedad de temas que nos debatimos estaba amainando, y teniendo en cuenta el horario, ambos pagamos la cuenta (como suele ocurrir con las cosas que son buenas en la modernidad) y salimos a caminar a la parada del ómnibus. Allí reafirmamos cuan feliz puede ser uno compartiendo un café de manera naíf y nos despedimos, como debe ser, con una amplia sonrisa. Caminando hacia la parada de mi micro pensé que el mejor de los antídotos para ser feliz es justamente no estar aguardando algo de una situación, sino más bien por el contrario, dejarse llevar como en los ríos de Heráclito, hacia donde el río quiera y pueda conducirnos. Total, la felicidad puede ser hallada en todas partes, inclusive en un pocillo de café.
Gracias





[1] El diálogo completo se produce entre Hamlet, Rosencrantz y Guildenstern y puede ser encontrado en la obra del mismo nombre (Hamlet) Acto 2, escena 2, 251–259. La mejor edición en castellano quizás sea la de Losada que viene con dos versiones de Hamlet, la revisada con notas a pie de página que esclarecen pasajes imposibles de descifrar cuando se produce la traducción al castellano (ideal para quien no conoce mucho la obra de Shakespeare) y la versión limpia para aquellos que no desean detenerse en explicaciones y prefieren la fluidez y la excitación que supone una obra propia del teatro isabelino.
[2] El documental se llama Everybody Street y se puede encontrar disponible en la plataforma de Youtube.

martes, 8 de septiembre de 2015

Films memorables (faltan muchos igual)

Sherlock, Jr./Sherlock, Jr. - Buster Keaton (1924) “como actor”
City lights/Luces de la ciudad - Charles Chaplin (1931)
Modern times/Tiempos modernos - Charles Chaplin (1936)
The great dictator/El gran dictador - Charles Chaplin (1940)
Ladri di biciclette/Ladrones de bicicleta - Vittorio de Sica (1948)
羅生門/ Rashōmon - Akira Kurosawa (1950)
Sommaren med Monika/Un verano con Mónica - Ingmar Bergman (1953)
Rear window/La ventana indiscreta - Alfred Hitchcock (1954)
La strada/La calle - Federico Fellini (1954)
To catch a thief/ Atrapa a un ladrón - Alfred Hitchcock (1955)
The trouble with Harry/¿Quién mató a Harry? - Alfred Hitchcock (1956)
The man who knew too much/El hombre que sabía demasiado - Alfred Hitchcock (1956)
Det sjunde inseglet/El séptimo sello - Ingmar Bergman (1957)
Smultronstället/Fresas salvajes - Ingmar Bergman (1957)
Paths of glory/Senderos de gloria - Stanley Kubrick (1957)
Vertigo/Vértigo - Alfred Hitchcock (1958)
North by northwest/Intriga internacional - Alfred Hitchcock (1959)
Les quatre cents coups/Los cuatrocientos golpes - François Truffaut (1959)
Psycho/Psicosis - Alfred Hitchcock (1960)
Tirez sur le pianist - François Truffaut (1960)
La dolce vita/La dolce vita - Federico Fellini (1960)
À bout de soufflé/Al final de la escapada - Jean-Luc Godard (1960)
用心棒/ Yōjinbō - Akira Kurosawa (1961)
Lolita/Lolita - Stanley Kubrick (1962)
椿三十郎/ Tsubaki Sanjūrō - Akira Kurosawa (1962)
The birds/Los pájaros - Alfred Hitchcock (1963)
Le Mépris/El desprecio - Jean-Luc Godard (1963)
81/2 /81/2 - Federico Fellini (1963)
Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb/Dr. extrañoamor o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba - Stanley Kubrick (1964)
Alphaville: une étrange aventure de Lemmy Caution/Alphaville - Jean-Luc Godard (1965)
Giulietta degli spiriti/Julieta de los espíritus - Federico Fellini (1965)
Pierrot le fou/Pierrot el loco - Jean-Luc Godard (1965)
Ostře sledované vlaky/Trenes rigurosamente vigilados - Jiří Menzel (1966)
Masculin féminin: 15 faits précis/Masculino femenino - Jean-Luc Godard (1966)
Fahrenheit 451/ Fahrenheit 451 - François Truffaut (1966)
Persona/Persona - Ingmar Bergman (1966)
Blowup/Deseo de una mañana de verano - Michelangelo Antonioni (1966)
What's up, tiger Lily?/ What's up, tiger Lily? - Woody Allen (1966)
La chinoise/La chinoise - Jean-Luc Godard (1967)
Le Samouraï/El samurái - Jean-Pierre Melville (1967)
2001: A Space Odyssey/2001: una odisea espacial - Stanley Kubrick (1968)
Z./Z. - Costa Gavras (1969)
Zabriskie Point/Zabriskie Point - Michelangelo Antonioni (1970)
Bananas/Bananas - Woody Allen (1971)
A Clockwork Orange/La naranja mecánica - Stanley Kubrick (1971)
Aguirre, der Zorn Gottes/Aguirre y la ira de dios - Werner Herzog (1972)
Ultimo tango a Parigi/Último tango en París - Bernardo Bertolucci (1972)
Everything you always wanted to know about sex* (*but were afraid to ask)/Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo* (pero tuvo miedo de preguntar) - Woody Allen (1972)
The Godfather/El Padrino - Francis Ford Coppola (1972)
Scener ur ett äktenskap/Escenas de la vida conyugal - Ingmar Bergman (1973) “serie de televisión”
Sleeper/El dormilón (1973)
Amarcord/Amarcord - Federico Fellini (1973)
La Maman et la putain/La mamá y la puta - Jean Eustache (1973)
Jeder für sich und Gott gegen alle/El enigma de Kaspar Hauser - Werner Herzog (1974)
The Conversation/La conversación - Francis Ford Coppola (1974)
The Godfather part II/El Padrino parte II - Francis Ford Coppola (1974)
Jaws/Tiburón - Steven Spielberg (1975)
Barry Lyndon/Barry Lyndon - Stanley Kubrick (1975)
One Flew Over the Cuckoo's Nest/Alguien voló sobre el nido del cucú - Miloš Forman (1975)
Novecento/Novecento - Bernardo Bertolucci (1976)
Taxi driver/Taxi driver - Martin Scorsese (1976)
Annie Hall/Annie Hall - Woody Allen (1977)
Close encounters of the third kind/Encuentro cercano del tercer tipo - Steven Spielberg (1977)
La Chambre verte/La habitación verde - François Truffaut (1978)
Nosferatu: Phantom der Nacht/Nosferatu: fantasma de la noche - Werner Herzog (1979)
Manhattan/Manhattan - Woody Allen (1979)
Apocalypse Now/Apocalipsis ahora - Francis Ford Coppola (1979)
Permanent vacation/Vacaciones permanentes - Jim Jarmusch (1980)
Stardust memories/Memorias de polvo de estrellas - Woody Allen (1980)
The shining/El resplandor - Stanley Kubrick (1980)
Raging bull/Toro salvaje - Martin Scorsese (1980)
Raiders of the Lost Ark/Los cazadores del arca perdida - Steven Spielberg (1981)
Fitzscarraldo/Fitzscarraldo - Werner Herzog (1982)
E.T. the Extra-Terrestrial/E.T. - Steven Spielberg (1982)
Zelig/Zelig - Woody Allen (1983)
/Ran - Akira Kurosawa (1983)
Stranger than paradise/Más extraño que el paraíso - Jim Jarmusch (1984)
Gremlims/Los gremlims - Steven Spielberg (1984)
Indiana Jones and the Temple of Doom/Indiana Jones y el templo de la perdición - Steven Spielberg (1984)
Amadeus/Amadeus - Miloš Forman (1984)
The purple rose of Cairo/La rosa púrpura del Cairo - Woody Allen (1985)
The goonies/Los goonies - Steven Spielberg (1985)
Down by law/Bajo el peso de la ley - Jim Jarmusch (1986)
Jean de Florette/Jean de Florette - Claude Berri (1986)
Manon des sources/Manon de manantial - Claude Berri (1986)
Platoon/Pelotón - Oliver Stone (1986)
Cobra verde/Cobra verde - Werner Herzog (1987)
Wall street/Wall street - Oliver Stone (1987)
Full Metal Jacket/Nacido para matar - Stanley Kubrick (1987)
Who Framed Roger Rabbit/¿Quién engañó a Roger Rabbit? - Steven Spielberg (1988)
Dekalog/El decálogo - Krzysztof Kieślowski (1988) “serie de televisión”
Krótki film o zabijaniu/Un corto sobre el asesinato - Krzysztof Kieślowski (1988)
Krótki film o miłości/Un corto sobre el amor - Krzysztof Kieślowski (1988)
New York stories/Historias de Nueva York - Woody Allen (1989)
Mystery train/Mystery train - Jim Jarmusch (1989)
Crimes and misdemeanors/Delitos y faltas - Woody Allen (1989)
Indiana Jones and the Last Crusade/Indiana Jones y la última cruzada - Steven Spielberg (1989)
Born on the fourth of july/Nacido un cuatro de Julio - Oliver Stone (1989)
Goodfellas/Buenos muchachos - Martin Scorsese (1990)
Night on earth/Una noche en la tierra - Jim Jarmusch (1991)
Hook/Hook - Steven Spielberg (1991)
JFK/JFK - Oliver Stone (1991)
La Double vie de Véronique/Podwójne życie Weroniki/La doble vida de Verónica - Krzysztof Kieślowski (1991)
Reservoir dogs/Perros de la calle - Quentin Tarantino (1992)
Manhattan murder mystery/Misterioso asesinato en Manhattan - Woody Allen (1993)
Jurassic Park/Parque jurásico - Steven Spielberg (1993)
Schindler's List/La lista de Schindler - Steven Spielberg (1993)
Trois couleurs: Bleu/Trzy kolory: Niebieski/Tres colores: azul - Krzysztof Kieślowski (1993)
Pulp Fiction/Pulp fiction - Quentin Tarantino (1994)
Natural born killers/Asesinos por naturaleza - Oliver Stone (1994)
Trois couleurs: Blanc/Trzy kolory: Biały/Tres colores: blanco - Krzysztof Kieślowski (1994)
Trois couleurs: Rouge/Trzy kolory: Czerwony/Tres colores: rojo - Krzysztof Kieślowski (1994)
Dead man/Hombre muerto - Jim Jarmusch (1995)
Casino/Casino - Martin Scorsese (1995)
Trainspotting/Trainspotting - Danny Boyle (1996)
Saving private Ryan/Salvando al soldado Ryan - Steven Spielberg (1998)
Ghost dog: The way of the samurai/Ghost dog: El camino del samurai - Jim Jarmusch (1999)
Eyes Wide Shut/Ojos bien cerrados - Stanley Kubrick (1999)
Being John Malkovich/¿Quieres ser John Malkovich? - Spike Jonze (1999)
Adaptation/Adaptation - Spike Jonze (2002)
Gangs of New York/Pandillas de Nueva York - Martin Scorsese (2002)
Coffee and Cigarettes/Café y cigarillos - Jim Jarmusch (2003)
The dreamers/Los soñadores - Bernardo Bertolucci (2003)
Kill Bill: vol. 1/Kill Bill: volumen 1 - Quentin Tarantino (2003)
Eternal sunshine of the spotless mind/Eterno resplandor de una mente sin recuerdos - Michel Gondry (2004)
Kill Bill: vol. 2/Kill Bill: volumen 2 - Quentin Tarantino
Matchpoint/Matchpoint - Woody Allen (2005)
Munich/Munich - Steven Spielberg (2005)
Broken flowers/Flores rotas - Jim Jarmusch (2005)
Scoop/Scoop - Woody Allen (2006)
The departed/Los infiltrados - Martin Scorsese (2006)
The wind that shakes the barley/El viento que acaricia el prado - Ken Loach (2006)
Be kind rewind/Rebobinados - Michel Gondy (2008)
Vicky Cristina Barcelona/Vicky Cristina Barcelona - Woody Allen (2008)
Whatever works/Si la cosa funciona - Woody Allen (2009)
The limits of control/Los límites del control - Jim Jarmusch (2009)
Where the wild things are/Donde viven los monstrous - Spike Jonze (2009)
Inglourious Basterds/Bastardos sin Gloria - Quentin Tarantino (2009)
Midnight in Paris/Medianoche en Paris - Woody Allen (2011)
Drive/Drive - Nicholas Winding Refn (2011)
Django Unchained/Django sin cadenzas - Quentin Tarantino (2012)
Blue Jasmine/Blue Jasmine - Woody Allen (2013)
Only god forgives/Sólo dios perdona - Nicholas Winding Refn (2013)
Her/Ella - Spike Jonze (2013)
L'Écume des jours/La espuma de los días - Michel Gondry (2013)
The wolf of Wall street/El lobo de wall street - Martin Scorsese (2013)



lunes, 7 de septiembre de 2015


La música del trópico de Quantic

Interrupciones – Del imaginario que surge en una charla en un banco público (y las elucubraciones y zozobras que ello deja a posteriori) – Parte I

El espacio donde se desarrolla la acción (si hubiese tal) se conoce como espacio verde. Más específicamente se trata de un banco del parque cívico. El banco se encuentra dándole la espalda a la calle Pedro Molina, mirando hacia el sur. La temperatura ambiental es bastante hostil. Dos jóvenes de entre 25 y 30 años (bastante adultos ya) están hablando animadamente, beben un vino barato que ha conseguido uno de ellos. La temperatura es la óptima para derretir la cera de depilar que tanto gusta y divierte a las mujeres, pero eso no los amedrenta y de tanto en tanto se llevan un trago al buche. La conversación ya ha comenzado (y uno de ellos es el que retratará la acción, eso quiere decir que luego de esta presentación ya no puedo decir nada más, le tengo que pasar contra mi voluntad la posta a uno de estos personajes que yo mismo he presentado, ¡¡¡ya van a ver cómo me extrañan ustedes bastardos!!!), por lo que el lector empezará a entrar en acción en un diálogo que viene siendo masticado, esto viene más o menos así:
- Si le prestás atención, toda la obra conserva un margen lógico. Pensar que Fundación lo escribió a los 20 años.
- No puedo entender como hizo para publicar más de 500 obras, ¿acaso nunca iba al baño?
- No, no es eso, hasta él mismo dice que debemos estar muy atentos a lo que nos rodea. Siempre podemos ser partícipes de un momento importante, aguardando a ser retratado.
Me pasa la botella de vino a medio beber
- El otro día leí un cuento increíble de él, se llama tetra-tridimensional.
- ¿Cómo, no era treta?
- No, estoy casi seguro que se llama tetra-tridimensional, hasta tiene lógica porque el loco termina engañando al diablo en esa otra dimensión que es el tiempo.
- Me parece que te equivocás.
- Esperá, acá tengo el libro… a ver… (La acción tarda unos segundos, abre el libro y claramente se puede leer “Treta-tridimensional”, su cara de boludo le termina dando la razón. Por si no se han dado cuenta he vuelto, he logrado que ciertos matices tengan que ser explicados por otra voz que no sea la de estos prosaicos personajes. Díganme la verdad, ¿no sería maravilloso si yo retratase todo tal cual fue?, con los tintes más jugosos y coloridos, con saltos narrativos de alto poder verbal, con juegos de aliteraciones, uso de vocablos llenos de poder y significado, con brío y con… bueno se me fue un poco de las manos). Tenés razón, es treta no tetra. Qué boludo, había leído cualquier cosa.
- Es que tiene más sentido treta que tetra; al fin y al cabo él le termina haciendo una jugarreta al diablo.
- Sí boludo. (Haciéndose el desentendido; intentaré ser un poco más breve), ¿qué estás leyendo vos ahora che?
- Hace poco tuve que devolver unos libros que le había pedido a la librería ecuménica. Ya hacía un año que los tenía, hay uno que nunca terminé de leer. El cero y el infinito, de un chabón que se llama Arthur Koestler. Es un libro increíble, el tipo va retratando como aun siendo fiel al partido comunista, tiene que pasar por las torturas de las purgas Stalinistas. Una ironía la vida.
- ¿Y por qué no lo terminaste de leer? si es tan bueno, digo (ya ven como son de prosaicas las preguntas, dudo seriamente de la capacidad intelectual de quién esté escribiendo estas letras).
- Son esas cosas que suceden, quizás tuve demasiado tiempo detenido al libro, quizás está bien hasta donde alcancé a leer.
Durante ese breve comentario y pasando de mano en mano el vino, aparecen dos chicas de aspecto desarreglado, el aspecto de quiénes las situaciones de la vida cotidiana no resultan especialmente sencillas. Una de ellas les ofrece unos stickers a cambio de 10 pesos (moneda local). Ante la negativa de ambos, esta joven solo resuelve en volver a insistir, como diciendo ¿Si alguien ha dicho algo, yo no he oído nada? Mientras tanto su amiga se acerca y les pide vino. Luego de beberlo resuelven partir, pero la otra que no ha bebido vino le dice a uno de ellos una frase bastante cliché, algo así como: qué linda tu mochila, ¿qué es, nike? A lo cual este mozalbete responde bruscamente acercando la mochila a su pecho. Fue una reacción violenta, lo sé, pero en el momento resolvió hacerlo de esa manera, no andaba con ganas de meterse en problemas. Aunque pensándolo bien, no sé qué se traía entre manos este chaval, tampoco se mucho de las reacciones de los hombres, solo soy un bardo que intenta retratar algunas cosas que me parecen relevantes al asunto, en fin. La joven respondió otra cosa que no recuerdo bien, de seguro fue algo violento, una contraofensiva del gesto y ambas decidieron partir. Este breve episodio desbarajustó toda la charla, la cual fue remontada con algo así como:
- He estado leyendo bastante a Dick, sobre todo los cuentos. Hay uno muy loco sobre Mao Tse-tung. Es una sociedad comunista china, donde el emperador, o dictador, le habla a cada uno de los ciudadanos. Es como si de repente vos prendés la tele y el dictador te habla a vos. Es un cuento que la re flashean con las drogas (algo de por cierto típico de Philip Dick, ignotos lectores). Parece que contaminan el agua y vos nunca sabés muy bien como es la cara del líder, es más, nadie sabe muy bien quién es el líder. Además hay una sociedad secreta que le da a este tipo unas “contradrogas” para que al fin pueda ver el rostro del líder y saber cómo destruirlo. Al final de la historia el protagonista está en un berenjenal de dios padre, en donde ve una cosa deforme que le dice que lo va a destruir, no recuerdo con fidelidad el final, pero es bastante triste.
- Jua, jua, jua. Que loco ese chabón; sí, tiene varios mambos místicos con la droga. Parece que un día tuvo una revelación, una luz reflejada en un collar o algo así le dio en la frente. De repente se volvió loco y llevó al hijo al hospital, en el hospital se dieron cuenta de que el hijo tenía una enfermedad (o un problema físico) y que, de no haber sido atendido en ese momento, podría haber traído complicaciones, inclusive la muerte del niño.
- ¡Qué zarpado! (otra expresión de lo más vulgar de este personaje, de seguro se debe llamar Rubén o Raúl y le debe dar a los hongos o algo así, sino no se explica). Dick tiene esos reveses, como un mix entre ciencia y cosas de la calle, muy diferente a Asimov.
- Es que Asimov era un académico, un doctor en bioquímica, un divulgador. Dick era más un filósofo. Hablando de filósofos, he estado leyendo mucho sobre Engels. Varias cosas sobre la dialéctica de la Naturaleza y el Universo. Se va al carajo el tipo este.
- Y ¿qué tal?
- Y, para mí que este tipo, superó a Hegel. La dialéctica que plantea Hegel es dificilísima de interpretar. Varias veces me puse a leer y estaba dos horas con una página. Un garrón.
- Sí, yo durante seis meses me dediqué a leer la Fenomenología del espíritu… no me quedó una goma. Ah sí, “el espíritu como un hueso”. Si me preguntás algo sobre eso, solo te puedo decir que tiene que ver con la frenología… y que tu cráneo tiene la conformación de un taxista.
- Sí, yo leí la introducción a la filosofía de él; realmente es infumable.

Desearía hacer una pausa aquí. Si yo me encuentro terriblemente fatigado, e inclusive aburrido no quiero imaginar al lector. Aun no sé cómo es que fui a parar yo a este tipo de charlas tan triviales (algún mejicano podría decir “algo tan trillado”). Mejor dejarse un tiempo antes de dormir para fumar un cigarrillo, tomar alguna bebida destilada y refrescante para mañana, espero que con mejor fortuna, poder continuar con este cuento, que les aseguro no se a donde carancho puede llegar.

Metafísica cotidiana: "La cíclica vida de un chofer de autobuses"

Una vez leí un texto, en una clase de lengua y literatura de la secundaria, sobre la capacidad transformadora del hombre como motor de la cultura. El extracto era de un polaco que se llama Zygmunt Bauman (que estimo seguirá viviendo), y en el cual se hacía énfasis en la razón tautológica siguiente: El hombre transforma las cosas, crea "la cosa", para poder seguir viviendo y es precisamente esa cosa la que le da sentido al hombre, al hombre histórico, al hombre materialista; es la razón de su existencia. Ambos de esta manera se encierran en una dialéctica de necesidades sine qua non el otro cobra sentido. (Se abre la puerta)
-Centro por favor - beep
-Ok
- Godoy Cruz - beep
-Buen día.... en fin. Lo que quisiera encontrar es una respuesta a mi condición. Todos los días veo a esta gente pasar en mis turnos de 8 a 16 o de 17 a 1. Niños, ancianos, estudiantes, abogados, yunkies, policías, albañiles, estudiantes de arquitectura, hipsters, literatos, cosechadores, traficantes, etcétera. Encuentro en ellos un motivo casi utilitarista pero lleno de sentido a sus derroteros. Todos ellos se dirigen hacia "algún lugar". Todos le deben al tiempo (a ese Shylock despiadado), madre de todos los sistemas político-financieros, un pedazo de su hígado. El precio es alto, pero la descarga de la opresión puede ser sublimada mediante un cambio breve y leve de sus rutinas. Todos manosean la posibilidad. Todos... menos yo.
-Sonido de timbre, sube más gente.
- A Carrodilla - beep
- Godoy Cruz - bump
- Señora no tiene carga
- Pero si tenía
- Que no tiene señora, tiene que cargar manualmente
- (grita) Alguien que me preste su abono y se lo pago
- (viejo condescendiente) Aquí señora - beep
- Gracias, aquí tiene buen hombre
- Faltaba más, no es nada
…y así toda la manganeta.
Me encuentro atado a una serie acaso "infinita". Un nudo gordiano del cual no encuentro salir. No es el hecho de manejar un micro el que me atormenta y alimenta mis tribulaciones. No es el hecho de ver la miseria, verle la cara y el cuerpo desnudo a la miseria. En cada calle que recorro de Las Heras. A cada joven inmerso en las drogas (una de las tantas "vidas desperdiciadas" de Bauman), a cada anciano en la cúspide del dolor, el desgarramiento visceral que acarrea el pecado de la vida. Eso solo es un condimento más en una serie...
- Próxima parada por favor
- Si señora
... es una de las tantas pequeñas piedras que abrigan mi existir. La roca mayor, la roca de Sísifo es este brote de lucidez donde me veo a mí durante la eternidad, la falsa eternidad que nos creamos, haciendo lo mismo una y otra vez. Mi destino está inscrito en el destino de los otros. ¿Cómo es posible llevar a cuestas el trabajo de ir a un lugar al cual no se puede llegar? ¿Qué ocurre cuando tu destino no es un destino propiamente dicho? Estas meditaciones...
peeeeeng (frena el micro, bajan 5 personas)
... decía que estas meditaciones no dejan de atormentarme. ¿A dónde ir cuando no se tiene dónde?
Quizás deba acatar esta ley. La ley de la infinitud como castigo y como verdad. La única verdad de un chofer de omnibus.